miércoles, 19 de abril de 2017

EL GRAN CIRCO DEL RECICLAJE


En aquella lejana ciudad llamada Darkólor todo el mundo llevaba gafas. No eran unas gafas cualquiera: nadie se las podía quitar y solo se podían ver los paisajes en blanco y negro con matices de tonos grises. La vida allí era muy triste.
                Gracias a la radio, la televisión y otros medios de comunicación sabían que en diferentes lugares del mundo sus habitantes podían disfrutar de la multitud de colores que rodeaban su entorno, de parques llenos de vistosas flores, de olorosos naranjos, limoneros y otros árboles frutales. Pero en Darkólor no era posible. Sus gafas se lo impedían.
                Los niños, que también usaban ese tipo de gafas, querían quitárselas, pero eran incapaces. Estaban fuertemente sujetas a la cabeza y cuando lo intentaban notaban un dolor fortísimo en las orejas.
                Las autoridades estaban también muy preocupadas y nadie sabía cómo solucionar ese problema con el que no se habían acostumbrado a convivir.
                Pero una mañana de primavera el Gran Circo del Reciclaje llegó a la ciudad: malabaristas, trapecistas, magos y payasos enseñaban a los habitantes cómo eliminar esas molestas gafas. Todos ellos tenían mucha experiencia, pues desgraciadamente Darkólor no era caso único en el planeta.
                Un gran camión con potentes altavoces que circulaba por las calles anunciaba la llegada del Gran Circo:
                - Hoy a las seis de la tarde en la gran explanada tendrá lugar la función. La entrada es libre.
                La expectación entre los darkolorenses fue tal que el recinto estuvo a punto de quedarse pequeño. Por suerte, todos pudieron disfrutar del espectáculo.
                A las seis en punto apareció el director del circo: un hombre barrigudo y con poblado bigote negro.
                - Ciudadanos de Darkólor: el Gran Circo del Reciclaje ha llegado a vuestra ciudad. Hemos visitado muchos pueblos y ciudades para enseñar a sus habitantes como reciclar los materiales utilizados para poder disfrutar de un entorno saludable. Y solo vosotros lo podréis conseguir. Pero no os preocupéis que también os ayudaremos.
En aquel momento se acercó al centro de la pista el hombre forzudo con varios contenedores metálicos de grandes dimensiones en cada mano. Con gran facilidad los colocó en el suelo formando una circunferencia. Algunos tenían dibujada la silueta de una pajarita de papel y la inscripción “tu papel es importante”; otros, el contorno de diferentes envases.
                A continuación, desde lo más alto los trapecistas aparecieron con grandes bolsas llenas de botellas de plástico, briks, botes de refresco y latas de conservas. En el aire realizaban arriesgadas acrobacias con los bolsones hasta depositarlos con delicadeza en el centro.
                Varios malabaristas se acercaron a las bolsas y al ritmo de una alegre música circense, comenzaron a sacar diferentes latas y botes. Haciendo con ellos divertidos juegos malabares, llegaron hasta los contenedores con envases dibujados. Rítmicamente, uno a uno iban cayendo dentro de ellos. Realizaron diferentes juegos hasta terminar con todos los envases que contenían las bolsas. El público aplaudió con gran estruendo.
                La luz del circo se apagó de repente. Un haz de luz circular iluminó el centro de la pista donde estaba un mago. Llevaba un sombrero de copa, unos guantes blancos y una varita mágica.
Se quitó el sombrero y lo colocó boca arriba sobre una pequeña mesa. Comenzó a sonar una potente música mientras el mago, haciendo grandes aspavientos con brazos y manos, tocó el sombrero con su varita. Poco a poco del interior del sombrero surgieron aviones de papel de diferentes formas y tamaños que estaban realizados con papeles de periódico, de revistas y también de hojas de cuadernos escritas por los niños en el colegio. A cada uno de los espectadores llegó alguno de los aviones mágicos.
                El mago pidió a cada uno de los darkolorenses que apuntasen a los contenedores con el rótulo “tu papel es importante” y con fuerza lanzasen sus aviones. Rápidamente con la varita mágica tocó cada uno de ellos. A gran velocidad entraron en los contenedores todos los aviones que sobrevolaban las cabezas del público, sorprendido por el fantástico número de magia.
                Por último, los payasos, de un modo muy divertido, explicaron a todos cómo debían reciclar cada día el papel y los envases.
                Una vez acabada la función, los habitantes se fueron a sus casas sabiendo que reciclando podrían modificar su ciudad.
                Antes de que el Gran Circo del Reciclaje se fuese, el forzudo repartió por diferentes puntos de la ciudad los contenedores azules y amarillos.

                A partir de ese día, gracias a que habían aprendido a reciclar envases y papel, todos pudieron quitarse las incómodas gafas y disfrutaron de los colores que el entorno les proporcionaba. Incluso modificaron el nombre de la ciudad. Desde entonces comenzó a llamarse Dar Color.

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